En la glorieta de Bilbao se encontraba el convento de las Capuchinas de la Paciencia, que tenía una enorme huerta con abundante arbolado, jardines geométricos rodeados por hileras de árboles y varios estanques.
Mas tarde, se podía ir desde Moncloa hasta Atocha pasando por Colón, por bulevares arbolados con sillas, fuentes y kioscos. Se veía necesario que Madrid contase con amplias calles arboladas, grandes plazas y parques y jardines que paliasen su caluroso clima estival y fuesen zonas de expansión para los habitantes.
(…)
Nos vamos a pasar el verano preparando el nuevo disco. No queremos que haga mucho calor, que se nos hinchan las piernas y nos entran ganas de estar tumbados todo el día. En el local se está guay, aunque estaría bien encontrar un sitio donde poder ir a nadar.

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