Revolución Solar


Fin!
diciembre 19, 2010, 4:13 pm
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CHARADES Revolución solar (B-Core, 2010)

Si uno juzga por la cantidad de espacio que se les ha dedicado en los medios, otros lanzamientos de este último año son mucho más importantes que el Revolución solar de Charades. La realidad, sin embargo, es que el volumen desmesurado que se les dedica a todas esas bandas carentes de talento en quien están pensando ustedes ahora es solo eso: espacio. Los malos grupos en este país son como brontosaurios: ocupan la hostia, y sus nombres aparecen en cuerpos gigantes, pero en realidad los cerebros son más bien diminutos, y su presencia y producto están condenados -por fraudulentos, por insulsos, por mercantilistas, por haberse prestado a anunciar ropa vaquera- a la extinción-por-meteorito. La emocional, cuanto menos. Charades, digámoslo claro y temprano ahora, antes de que se nos escape la furia, son la mejor banda de este país. En verdad os digo que son algo único, y le rompe a uno el corazón ver las entrevistas pacatas y formuláicas que se les hacen, las platitudes que se dicen al tratar de encasillarlas y por supuesto el ninguneo -involuntario, quizás- al que las someten el zeitgeist y la saturación de oferta en nuestros tiempos.

Leyendo las “sandeces abazofiadas” (como diría Jardiel) que se escriben mentando su nombre, uno podría estar tentado a pensar que las Charades son un grupo más, un grupo de chicas más, un grupo imitador de Vivian Girls más. Un grupo cualquiera, en resumen. La realidad es distinta: he aquí un grupo español que vive verdaderamente en una onda privada y fértil y fascinante, muy suya, muy poco de fijarse bizqueando en qué hace el empollón de al lado, y encima esa onda secreta se manifiesta hacia el exterior con el talento compositivo gigante, envidiable, de Isabel Fernández y las suyas.

 

Revolución solar es, ciertamente, un disco único, perdurable, elevado y -déjenme que diga esto- trascendente de la forma menos pomposa en que uno puede buscar la trascendencia. En Revolución solar se cruzan, según yo lo veo, un par de tradiciones que no solían encontrarse: hay un tema tribal, guerrero, nativo que las emparienta con Delta 5, Lora Logic, Slits (porque no todos los grupos de chicas se parecen a Slits -como Girlschool, no jodan- pero Charades si tienen un deje a ellas), incluso Bow Wow Wow si me provocan. Y ese tribalismo o ritmo de danza de la lluvia se funde aquí con el amor a la armonía californiana, el psych-pop más soleado y los Moby Grape y el tema barroco, indie-psicodélico-californiano de gente como Beachwood Sparks. Esta es una combinación extraña, pero que en Revolución Solar produce la mejor música pop. Pese a ser este un disco perfecto y sin relleno alguno, tres hits llegan a mi corazón, tres: “Grito tu nombre” (que empieza con un repiqueteo de tambor primitivo) y “Revolución solar”, porque juntas son el single perfecto, música moderna de carga de la brigada ligera que suena épica sin ser imbécil, alta sin ser aburrida, guerrera sin ser auténticamente violenta.

 

Sí, “Revolución solar” es, no se engañen, una canción guerrera, una canción brigadista, una canción de tomar armas. ¿Recuerdan cuando The Ex versionearon el “Ay Carmela”, fundiendo en su cover la furia autóctona izquierdista original con un ritmo Zounds / Adam & The Ants que hacía que sonara como música de los indios Crows? ¿Reinterpretada por CRASS? Pues añádanle a esa cosa extraña y vigorosa un paquebote de armonías vocales del Big Sur y verán lo que les queda: “Revolución solar”. Y les confesaré algo más: hice la prueba Dr.Dre -a lo G-funk- y la escuché en el coche, a volumen quebratrompas y acelerando (por carreteras deshabitadas) y les juro que sonaba a música del Apocalipsis, sección Salvación Personal. Música redentora y combativa, llena de una belleza increíble y de crescendos que le ensanchan a uno el alma. Desde el “You’ve lost that lovin’ feeling” de los Righteous Brothers que no escuchábamos crescendos y altitudes como éstas. ¿Cuantos grupos deben soñar en producir un día algo tan gordo y alterador-de-vidas como la sección intermedia de “Revolución solar”, cuando aumenta el tempo y trotan cada vez más fuerte los caballos y los tambores avanzan a campo abierto, hacia la muerte segura? Esas crecidas de tono, esas subidas al cerro de los octavos, son sin duda uno de los distintivos más claros de Charades, y en sus dominios reinan y nunca repiten. “Aguaceros”, que también es una cosa singular y estupenda, tiene otro de ellos a los 30 segundos de empezar el tema, una elevación gradual tan emotiva, tan bien fabricada, con una explosión final tan certera, que es imposible evitar que no toque, que no le afecte a uno de algún modo. Muchos artistas de distintas disciplinas, estoy seguro, darían un brazo por ser capaces de conmover así, en tres notas, por sorpresa y de una manera tan intensa y para siempre. En “Aguaceros” escucho de fondo muchas cosas, la mayoría de ellas no relacionadas con Charades, pero cuya sensibilidad la canción me hace recordar: Teardrop Explodes, The Claim, The Chills, los Gruppo Sportivo emotivos y no bobos del Design Moderne (1982), tantas cosas. Pero hablábamos de batallas: mi otra favorita indudable, por lo dicho antes, es la explícita “En las batallas”. Una canción que empieza como si no pasara nada, como aquel que no quiere la cosa, y al poco se ven sus intenciones, que son serias, pero luego vuelve a mentir (esta es una canción de doble engaño), y en el minuto 1:47 simula deshincharse, entra un xilofón, y uno ya está agarrando sombrero y paraguas cuando de repente sucede aquello. El nuevo y definitivo ascenso que acompaña el belicoso canto (al menos en lo emocional) “En los combates / En las batallas”, y que la convierte en una canción anti-miedo y pro-coraje, un dador de valentía y una suerte de himno imprevisto y, quizás, ni siquiera intencionado. Y podría seguir hablándoles y aullando el resto de canciones de Revolución solar durante un largo rato.

 

Y haciendo cábalas, jugando a charadas (permítanme el chiste), argumentando que “Medio cielo de revolución” suena a Rogue Wave, y “Harold & Maude” a las Au pairs del Playing with a different sex. Pero el listaje no nos alcanzaría, y al final tampoco se iban a hacer a la idea de lo grande de este álbum. Junto a Jonston e Incrucificables, es sin duda de lo mejor que ha dado el underground del país en estos últimos diez años. Ahora sólo queda realizar el único gesto a nuestro alcance: inclinarnos ante la majestad, brillantez, belleza y amplitud de este disco. Un trabajo que los años convertirán en clásico.

Kiko Amat